Posted by : Jose Luis García Rodriguez 10 abr. 2010

En las décadas de los 80 y 90 por todo nuestro país proliferaron los salones recreativos, no había ciudad o pueblo medianamente poblado que no tuviera uno en algún lugar. Éstos lugares en aquella época no estaban bien vistos por los padres ya que allí se cocía algo más que videojuegos ya que era el punto de reunión de maleantes .

Aparte del peligro que suponía ser niño en aquel lugar se podría decir que no siempre era mala la cosa, podías disfrutar de los mejores videojuegos del momento, que ni de lejos tu Nintendo de 8 bits era capaz de hacer. Por unos módicos 5 duros (25 pesetas de las de antes) podías echarte un Street Fighter 2, Out Run o cualquier cosa que trajeran al salón de videojuegos.
Como cualquier sitio un poco underground comentaremos un poco la fauna que solía habitar esos lugares.

Niño: Como la palabra indica, un joven mozuelo que solía cursar EGB, sus recursos eran cortos y solían acceder como mucho con 100 pesetas a los recreativos.

Cabezón: Eran aquellos niños que o necesitaban gafas a gritos o no tenían ni dos dedos de frente ya que te ponían la cabeza en mitad de la pantalla y no veías ni a 3 en un burro.

Listillo: Eran aquellos niños que habían jugado hace poco al mismo videojuego que estabas jugando tu y se dedicaban a apuntar a la pantalla (también poniendo la cabeza en medio) mientras dicen: “Cuidado!”, “mata a ese!” “qué malo eres!” y cosas por el estilo hasta hacerte hervir la sangre. Seguramente más de uno de ellos salió caliente de los recreativos.

Chicos mayores: Eran los que dominaban el cotarro, se acababan los juegos con 1 crédito y forjaban auténticas leyendas urbanas con su nombre, por ejemplo había uno que lo llamábamos el Chun-Li ya que era el único que era capaz de pasarse el Street Fighter 2 con Chun-Li y si jugabas un dobles con él eras hombre muerto.

Bocazas: Por lo general acudían con sus amigotes a jugar a las máquinas y solían ganar a todo su grupo eligiendo personajes descompensados en los juegos de lucha y aprovechando debilidades de la programación del juego para ganar a sus oponentes. De este modo todos sus amigos los tenían en un pedestal y cuando le proponías echar un dobles todos te solían soltar comentarios en plan: “no vas a durar ni 5 segudos”, “vas a desperdiciar los 5 duros”, “mi colega te va a hacer 2 perfects seguidos y te vas a ir llorando a casa”

Gitanos: Se podría decir que está era la peor amenaza que podía entrar en los recreativos. Por ejemplo si estabas jugando a la máquina que él quería jugar y te iba bien la partida durando bastante ni corto ni perezoso el tío te apagaba la máquina y te daban por culo. Por otro lado si estabas jugando a un juego de lucha y él quería echarte un dobles no preguntaba ni nada, llegaba, metía los 5 duros y te sentenciaba ya que te tenías que dejar ganar ya que si de lo contrario no lo hacías te esperaba en la puerta para darte un par de ostias y dejarte calentito.

Dueños de los recreativos: Eran la ley en ese lugar, el de los recreativos a los que yo iba le faltaban dedos de una mano y eso imponía aún más (siempre uno imaginaba que le faltaban por hacer algo fuera de la ley), nunca te devolvían la moneda de las partidas que los gitanos te apagaban la máquina, además subía la dificultad de las máquinas a un nivel desorbitado y para más colmo cuando te veía durar más de la cuenta en un videojuego alegaba que lo habías trucado y te echaba a la calle. Pero, eso sí, también era querido por todos ya que era la única persona que disponía de cambio.

De estos lugares se han forjado verdaderos hombres duros y sin complejos, ya que sobrevivir en ese paraje tan hostil todas las tardes era digno los más valientes.

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